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Cantata 87: Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre
Kantata 87: Bisher habt ihr nichts gebeten in meinem Namen
Cantata Religiosa Compuesta en Leipzig

La promesa de Cristo a sus discípulos "Rogaré al Padre por vosotros", según la evoca San Juan en su Evangelio, y la exhortación a "ser hacedores de la palabra y no sólo oyentes" que encontramos en la Epístola de Santiago, se mezclan en el libreto de esta cantata que Bach destinó al quinto domingo después de la Pascua de 1735. Esta obra, con libreto de Mariane von Ziegler, es para contralto, tenor, bajo, coro, dos oboes, oboe da caccia, dos violines, viola y continuo, y consta de siete movimientos.

Una frase del mencionado Evangelio: "Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre" es el texto del arioso para bajo con que se inicia la obra. Por su carácter solemne y contenida emoción, la introducción instrumental pone de manifiesto que las palabras que vamos a oír son las de Cristo. En este trozo contrapuntístico, el bajo está acompañado por toda la orquesta, con los vientos tocando al unísono con las cuerdas. Un breve recitativo para contralto nos lleva a la segunda aria, confiada a la misma voz. En esta aria de contrición, la serena confianza del creyente está representada por un continuo que asciende en breves grupos de arpegios, acaso como símbolo del ascenso de la plegaria, mientras la línea persistente del oboe da caccia comunica un sentimiento de humildad. El compositor intercala enseguida un recitativo para tenor con acompañamiento de cuerdas, evidentemente con el propósito de evitar una serie ininterrumpida de tres arias. El aria para bajo (V) musicaliza otro de los versículos del Evangelio de San Juan: "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo". En la última aria, la alegría se mezcla con el dolor, la fe en la gracia divina con la duda dolorosa. Se trata de una siciliana pare tenor con acompañamiento de cuerdas, en donde el primer violín expone frases de consuelo. El coral conclusivo es una armonización de la melodía de Johann Grüger "Jesús mi alegría", sobre una estrofa del himno de Heinrich Müller "Nada puede atribularme". De este modo evita Bach que la cantata termine con una nota de aflicción.



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