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Cantata 64: Mirad, de cuánto amor nos colma el Padre
Kantata 64: Sehet, welch eine Liebe hat uns der Vater erzeiget
Cantata Religiosa Compuesta en

Comparada con otras exuberantes obras suyas para la época de Navidad, la 64 puede parecernos menos expresiva. Es la de un Bach que manifiesta su alegría de manera mesurada y que por lo tanto no requiere sino de fuerzas sonoras modestas. Fue concebida como cantata de Navidad y estrenada en Santo Tomás el 27 de diciembre de 1723. En el coro inicial y los tres corales (movimientos segundo, cuarto y octavo) la parte instrumental está formada por tres trombones, cornetto, oboe, cuerdas y continuo, pero los instrumentos de viento no hacen más que doblar las partes vocales y su inclusión no parece pues indispensable.

El coro de apertura se basa en el versículo de la Epístola de San Juan, que dice: "Mirad, de cuánto amor nos colma el Padre para que seamos llamados hijos de Dios". Se trata de una fuga en forma de motete, que no pierde en momento alguno su expresión jubilosa. Con su noble melodía anónima, el segundo movimiento es un coral sobre una estrofa del himno de Lutero "Alabado seas, Jesucristo". El recitativo de la contralto (III) ilustra un texto que expresa la futilidad de las cosas del mundo con un motivo formado por rápidas figuras ascendentes y descendentes en el continuo, motivo que recuerda, nota por nota, el que Bach utiliza en la Pasión según San Mateo para describir la partida de Jesús y sus discípulos para el Monte de los Olivos. Tras el segundo coral , "Qué espero del mundo", viene un aria para soprano cuyo texto se inicia con las palabras "Lo que el mundo encierra se desvanecerá como el humo". Aquí, las cuerdas y el continuo apoyan a la voz humana en la descripción detallada de la escena. El sexto movimiento es un recitativo para bajo. Dice Murray Young que el tono peculiar de esta declamación parece reflejar el anhelo que pudo tener el propio Bach de escapar de los conflictos del mundo. En su aria (VII), la contralto reitera la idea de renunciamiento que predomina en la obra después del coro inicial, y declara que ha de recibir en el cielo como herencia. El oboe d'amore expone el primer tema, que con la intervención de la contralto enriquece su tranquila y radiante belleza. El coral conclusivo emplea la quinta estrofa del himno de Johann Franck, "Jesús, mi alegría", con la melodía que para ese mismo himno compuso Johann Cruber un siglo atrás.



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