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Cantata 56: Llevaré con alegría el peso de la cruz
Kantata 56: Ich will den Kreuzstab gerne tragen
Cantata Religiosa Compuesta en Leipzig

En sus cantatas para bajo evoca el Cantor una idea que le es siempre cara: la de la muerte como liberadora suprema. De ahí la belleza conmovedora de todas ellas, y en especial de esta cantata para el decimonoveno domingo después de la Trinidad (27 de octubre de 1726). El libreto se basa en un texto de Neumeister y emplea como punto de partida la curación de un paralítico según San Mateo. Anota Murray Young que el tema es similar al "Viaje del peregrino", obra alegórica del inglés John Bunyan en la que se compara la vida con un viaje por mar que termina en la puerta del cielo. Después de padecer los huracanes de la vida, el peregrino tiene la esperanza de encontrar la Tierra Prometida.

Esta obra, que emplea dos oboes, fagot, cuerdas y continuo, tiene el carácter íntimo de la música de cámara. No se inicia con un coro o una sinfonía, como es lo habitual, sino con un aria da capo de amplia concepción. Mediante la combinación de ritmos diferentes Bach expresa la ardiente nostalgia de las palabras "Quiero allí sepultar mis penas y anhelos". En el ariosos que sigue, inspirado en las palabras "Mi peregrinaje terrestre es como un viaje por mar", Bach pinta el movimiento de las olas con un tema oscilante del chelo. Este acompañamiento se interrumpe bruscamente cuando el viajero fatigado llega al cielo y desciende del barco. La pesada carga del peregrino ha caído de sus hombros, y él se entrega a la alegría en el aria con obligado de oboe que constituye el siguiente movimiento. El segundo recitativo-arioso nos habla del alma dispuesta a recibir su recompensa de manos del Señor. El compositor se sirve aquí de notas sostenidas en las cuerdas, como lo hace también en los recitativos de la Pasión según San Mateo para acompañar las palabras de Cristo. En medio de este penúltimo movimiento se oye de nuevo un poético pasaje de la sección intermedia del aria inicial, creando así una sólida relación entre los "soli" del comienzo y del final de la cantata. Pero en una obra en la que ya no parecía necesaria la inclusión de un himno, Bach se rehusa a omitirlo y la termina con un sencillo coral a cuatro voces.



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