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Cantata 5: Hacia dónde he de huir
Kantata 5: Wo soll ich fliehen hin
Cantata Religiosa Compuesta en Leipzig

En esta cantata para el decimonoveno domingo después de la Trinidad de 1734, musicaliza Bach un libreto inspirado en el himno del mismo título que Johann Heermann escribiera en 1630. El Evangelio para ese domingo (San Mateo 9/1 a 8) evoca la curación de un paralítico; y la Epístola de San Pablo para el mismo día exhorta a los gentiles a renovarse en el espíritu y vestirse del hombre nuevo. El texto de Heermann, que habla del poder curativo y renovador de Cristo, resulta pues igualmente apropiado

La obra es para cuatro solistas vocales, coro, tromba da tirarsi, trompeta, dos oboes, cuerdas y continuo, y consta de siete movimientos. De éstos, y como ocurre a menudo en las cantatas-corales, el primero y el último emplean textualmente las estrofas extremas del himno, en tanto que los cinco movimientos intermedios (tres recitativos y dos arias) se basan en paráfrasis de las estrofas restantes. El primer movimiento obedece a la estructura usual en las cantatas-corales: una parte orquestal independiente incorpora la melodía del himno en la voz de las sopranos. A éstas se une como refuerzo la tromba da tirarsi con su áspero sonido, y la apoyan las otras voces. El recitativo para bajo y continuo (II) es una declamación tiernamente expresiva. Sentimientos contrastados imprimen su carácter a las dos arias (III y V): en la primera, los acentos de una viola fluyen ininterrumpidos como símbolo de la "fuente divina" de que habla el texto. Y la línea vocal, a cargo del tenor, sugiere la corriente que brota de las rocas y tras un curso inestable encuentra finalmente su firme destino. El recitativo para contralto (IV) incluye la melodía del himno en la voz del oboe, y ésta forma con la línea vocal un maravilloso contrapunto. Este recitativo es no sólo el eje físico de la obra, sino que resume el contenido de la cantata; vale decir, el paso de la conciencia del pecado a la consoladora certeza de la Redención. El aria para bajo (V) es una de las muchas páginas bachianas que desafían a los poderes infernales. Sobre un ritmo apasionado, interrumpido por pausas que ilustran con elocuencia las palabras "Verstummee höllenheer" (enmudece, ejército infernal) la trompeta anticipa con su bélico llamado la dispersión de los demonios alados, mientras las cuerdas con el primer violín doblado por los oboes, completan el deslumbrante cuadro instrumental. El recitativo para soprano (VI), más sencillo y amable que los dos anteriores, conduce al sobrio coral conclusivo, en donde la melodía del himno la cantan las sopranos unidas a la tromba da tirarsi y adicionadas con oboes y cuerdas.



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