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Cantata 3: Señor, cuánto dolor aflige mi alma
Kantata 3: Ach Gott, wie manches Herzeleid I
Cantata Religiosa Compuesta en Leipzig

Esta cantata-coral fue compuesta para el segundo domingo después de la Epifanía y estrenada en la fecha correspondiente: 14 de enero de 1725. El libreto se basa en un himno de 18 estrofas de Martin Moller. En el primero, segundo y último de sus seis movimientos, el anónimo libretista emplea textualmente las estrofas una, dos y 18 del himno; pero vierte con libertad las estrofas intermedias, que sólo en términos generales aluden a la lectura evangélica del día, consagrada a las bodas en Caná de Galilea. Como en otras cantatas para ese domingo, el libreto pasa de la aflicción a la alegría, acaso porque para su autor aquella lectura, que evoca la conversión del agua en vino, simboliza el cambio de la condición humana a la divina. La obra es para cuatro solistas vocales, coro, dos oboes d'amore, cuerdas y un continuo que incluye una trompa y un trombón.

El coro inicial es un vivo lamento. Entre los movimientos basados en corales, es éste uno de los más expresivos que Bach escribiera. La melodía del coral, "Jesucristo, luz de mi vida', es confiada a los bajos cuya línea, dentro del juego polifónico de las cuatro voces, es reforzada por el trombón y el continuo. La parte vocal está enmarcada por un movimiento instrumental elegíaco donde sobresale el canto de los oboes. Los cuatro movimientos interiores están dispuestos según una doble sucesión de recitativo y aria. El primer recitativo es bastante singular: no sólo incluye un sobrio coral armonizado a cuatro voces, sino que los versos del recitativo, confiados en su orden al tenor, la contralto, la soprano y el bajo, están intercalados con un texto suplementario entre los versos del himno cantados por el coro. Comparativamente, el resto de la cantata resulta convencional. Comprende un aria para bajo ("Cuando presiento la angustia...sólo necesito pronunciar el nombre de Jesús...), un recitativo para tenor y un afable dúo para soprano y contralto, realzado por los violines y los oboes al unísono. El coral conclusivo es la última estrofa del himno de Moller, "Conserva mi corazón en la pureza de la fe..."



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