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Cantata 21: Estaba mi alma llena de tristeza
Kantata 21: Ich hatte viel Bekümmernis
Cantata Religiosa Compuesta en Weimar

Por su longitud inusitada y su maciza sonoridad, la Cantata 21, "Estaba mi alma llena de tristeza", fue compuesta al parecer para alguna ocasión solemne, antes de su estreno en Weimar el 17 de junio de 1714. Más tarde Bach la presentó en Köthen y en Leipzig, y es posible que la revisara para una de esas ejecuciones. En su texto, atribuido a Salomo Franck, alternan pasajes bíblicos con una poesía de acentuada subjetividad.

Dice Geiringer que esta Cantata hace parte de las composiciones relativamente escasas en donde el arte de Bach se aproxima al de sus grandes contemporáneos; por ejemplo el coro final, con sus brillantes fanfarrias, recuerda el estilo más imponente de Händel. En el curso de la obra, y de acuerdo con el texto, la música pinta las emociones que acompañan al cristiano: desaliento y esperanza, agonía y consuelo, zozobra y alegría.

La obra se divide en dos partes, de seis movimientos la primera y de cinco la segunda. El comienzo es una "sinfonía" que, con sus acordes disonantes y el grito del oboe en el penúltimo compás, figura entre los trozos instrumentales más apasionados de Bach, y crea el ambiente que conviene al sentimiento de desolación que impera al comienzo del primer coro. La triple y fervorosa repetición de la palabra "ich" (yo) que se oye en los compases iniciales de este coro, acentúa el carácter subjetivo de la música. Pero el humor sombrío se convierte repentinamente, con la palabra "aber" (pero), en un rapto de alegría ("Pero el consuelo reanima mi alma").El aria para soprano (tercer movimiento) traduce una lúgubre enumeración : "Suspiros, lágrimas, aflicción, ansiedad, temor y muerte..."

Más arcaico que el primer coro es el segundo (movimiento sexto) que Bach concibe en forma de preludio y fuga. Con sus contrastes y bruscas transiciones, este coro magnífico nos lleva, una vez más, de la congoja a la más franca alegría.

En la segunda parte de la cantata se advierte, más que en la primera, lo que la ópera contemporánea había enseñando al compositor. El diálogo entre el alma y Jesús "Ven, Jesús, y confórtame" (movimiento octavo) es un dúo de amor casi operístico, cuya belleza voluptuosa pudo causar extrañeza en sus primeros oyentes. El mencionado coro final, "El cordero que fue sacrificado", es otro macizo preludio y fuga que recuerda ciertamente el coro final, "Worthy is the Lamb", del oratorio el Mesías.



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