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Cantata 159: Mirad, subimos a Jerusalén
Kantata 159: Sehet! Wir gehn hinauf gen Jerusalem
Cantata Religiosa Compuesta en Leipzig

Esta cantata para el Domingo de Quincuagésima la presentó Bach en Santo Tomás de Leipzig el 27 de febrero de 1729, pocas semanas antes del estreno de otra obra suya de sentimiento afín: la Pasión según San Mateo. El libreto, escrito por Picander, se inspira principalmente en el pasaje evangélico donde San Lucas evoca la resolución de Jesús de encaminarse a Jerusalén para que allí se cumplan las profecías sobre su pasión y muerte. La obra está escrita para cuatro solistas vocales, coro, oboe, dos fagotes, cuerdas y continuo, y se divide en cinco movimientos

El primero, Arioso y recitativo, es un dúo para bajo y contralto en el cual el alma devota es la testigo impotente de los postreros pasos del Salvador. Su recitativo alterna con el arioso de Jesús que inicia el movimiento y que expone el texto bíblico en la voz del bajo. En este arioso un motivo de cinco notas ascendentes que termina en un intervalo de séptima descendente, describe a Jesús avanzando al frente de sus discípulos. Observa Schweitzer que la brusca pausa después de la última nota produce un efecto singular: es Jesús que se detiene para anunciarle a sus discípulos que camina hacia la muerte. Como no comprenden se detiene por segunda vez para repetírselo. Si bien el alma, como testigo de la escena, se había confesado incapaz de acompañar a Cristo a Jerusalén, finalmente vence el temor y una nueva resolución se anuncia en el Aria y coral para contralto y soprano (segundo movimiento) con las palabras "En medio del escarnio y la ignominia te seguiré hasta la cruz". En este trozo de belleza conmovedora la contralto canta dichas palabras, mientras la soprano y el oboe, sobre la estrofa "Estaré para siempre a tu lado", entonan la melodía del coral. Los tres movimientos siguientes (recitativo, aria y coral) prosiguen el relato: el tenor, en el breve recitativo, es el testigo de la Crucifixión y la Resurrección. La solemne aria para bajo, oboe y cuerdas ilustra las palabras "Todo se ha consumado, el dolor ya no existe, en Jesús nos hemos lavado de nuestro pecado original". El tema principal de este movimiento irradia, como el coral conclusivo, un sentimiento de serena alegría



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