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Cantata 131: De lo profundo, Señor, a tí clamo
Kantata 131: Aus der Tiefen rufe ich, Herr, zu dir
Cantata Religiosa Compuesta en Muhlhausen

En Muhlhausen, importante centro musical de Turingia a donde llega en 1707 para ocupar el cargo de organista de San Blas, el joven Bach compone sus primeras cantatas. Su ardiente deseo de renovar la música religiosa, que había estado como adormecido durante los últimos años, se despierta ahora con fuerza irresistible. Ello se refleja en la música exuberante de esas cantatas, en las que se advierte la influencia de los compositores de la Alemania del Norte y del Centro contemporáneos suyos, como también cierto parentesco con las cantatas de Pachelbel, Böhm y Buxtehude.

Cronológicamente, la primera de aquellas cantatas es la 131, compuesta en Muhlhausen en agosto de 1707 para una ocasión no especificada, y por encargo de un amigo de Bach, el reverendo Georg Christian Eilmar, pastor de la iglesia de Santa María. El libreto, que tiene por tema el contraste entre el pecado y la redención, se basa en el "De Profundis" (Salmo 130) y en 2 estrofas de coral. El compositor opta por una forma muy sencilla y equilibrada: entre un coro inicial, que está precedido de una sinfonía, y un coro conclusivo, sitúa dos arias (movimientos segundo y cuarto) y un coro como centro de la obra. Los 2 coros extremos están compuestos sobre el "De Profundis". Las 2 arias, la primera para bajo y la segunda para tenor, son arreglos de coral escritos sobre un doble texto: al salmo se añade en cada caso una estrofa del himno. Ambas arias son de una concepción contrapuntística típicamente bachiana, como lo es también el coro final

Los escasos instrumentos de la partitura (cuerdas, oboe y fagot) establecen el tono sombrío de la sinfonía. El primer coro, que se inicia con una sección lenta sobre las palabras "De lo profundo, Señor, a tí clamo", se convierte en vivace cuando expresa un sentimiento de súplica. Ésta se prolonga en el aria del bajo con coral de sopranos, donde el hombre, bajo el dolor de sus pecados, pide la misericordia divina. La cual comienza a concedérsele en el coro central, "'Mi alma espera", que se inicia bajo el signo de la antigua música litúrgica. Sobre el aria del tenor flota de nuevo un coral místico, esta vez en la voz de las contraltos. El coro final comienza con una triple exclamación del nombre de Israel. Por último, una gozosa fuga sobre las palabras "Redimirá a Israel de todos sus pecados", nos lleva de la tristeza y la desesperanza a la alegría del perdón.



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