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Cantata 127: Jesucristo, Dios y hombre verdadero
Kantata 127: Herr Jesu Christ, wahr' Mensch und Gott
Cantata Religiosa Compuesta en Leipzig

Esta cantata-coral para el Domingo de Quincuagésima de 1725, comenta en su primer movimiento el Evangelio del día: el anuncio que hace Jesús de su propia muerte y la curación milagrosa de un ciego de Jericó (San Lucas, 18/31 a 43). El libreto resume en cinco movimientos (coro, recitativo para tenor, aria para soprano, recitativo y aria para bajo y coral) las ocho estrofas de un himno escrito por Paul Eber en 1562.

En el coro de apertura, Bach pone de relieve la Pasión y la Resurrección mediante el empleo de varios símbolos sonoros: flautas como instrumentos que expresan tristeza, ritmos punteados como figuras de desolación, presencia permanente de las primeras palabras del himno "Jesucristo, Dios y hombre verdadero"; y finalmente, la melodía del coral "Cristo, cordero de Dios". De todas las fantasías-corales de Bach, es esta una de las más notables. Whittaker dice de ella que "es exquisita en su belleza y honda ternura; y en grado superlativo, magistral en su elaboración técnica". Igualmente excepcional es el aria de la soprano. Hemos visto con cuánta destreza el Cantor utiliza el oboe para expresar la nostalgia de la muerte. En este movimiento, mientras los otros instrumentos hacen oír el tañido fúnebre, el oboe, en juego concertante con la parte vocal, canta una frase que traduce delicadamente las palabras "Cuando la tierra cubra este cuerpo, el alma estará en las manos de Jesús. Llamadme pues, llamadme pronto, campanas de la muerte". Con esta aria contrasta el recitativo y aria para bajo, nuevo ejemplo de la fantasía creadora de Bach. Nos hallamos aquí ante un cuadro del juicio final como rara vez se encuentra en la obra bachiana: un fondo instrumental en el cual la trompeta cumple la función de la trompeta del juicio universal, conduce a las palabras consoladoras de Jesús, que Bach musicaliza en una sucesión regular de aria y recitativo, la primera acompañada únicamente por el continuo y el segundo, por las cuerdas y la trompeta. El coral conclusivo desemboca en una interpretación evocadora y audaz de las palabras finales de la estrofa: "Hasta cuando el sueño de la muerte nos lleve a tu beatitud"



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