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Cantata 119: Jerusalén, alaba al Señor
Kantata 119: Preise, Jerusalem, den Herrn
Cantata Religiosa Compuesta en Leipzig

En Leipzig era costumbre celebrar la instalación del nuevo Concejo con un servicio religioso, durante el cual se interpretaba una cantata escrita para la ocasión. Bach, quien había escrito en Mühlhausen la cantata 71 para una ceremonia semejante, compuso en Leipzig unas seis obras de ese género. La primera es la 119, estrenada el 30 de agosto de 1723. Por su estructura, riqueza expresiva e instrumentación, es una de las más espléndidas cantatas bachianas. Su atractivo directo fue la causa de que Mendelssohn la dirigiera en la Gewandhaus de Leipzig en 1843, en una época en que las cantatas de Bach eran prácticamente desconocidas.

La obra es en nueve movimientos: coro, recitativo para tenor, aria para la misma voz, recitativo para bajo, aria para contralto, recitativo para soprano, coro, recitativo para contralto y coral. En el festivo coro inicial el cantor emplea una orquesta de una amplitud inusitada que incluye, entre otros instrumentos, dos flautas dulces, tres oboes, 4 trompetas y timbales; y da al trozo la forma de una obertura francesa, es decir, una página formada por una sección rápida en medio de dos secciones lentas. Las secciones extremas, con los tradicionales ritmos punteados, están a cargo de los instrumentos, mientras en la sección central el coro interviene sobre las palabras del salmo 147, para cantar con alborozo la alabanza por el favor que Dios otorga a Jerusalén. Las dos arias siguientes, confiadas respectivamente al tenor y a la contralto, son páginas de carácter pastoral ya que expresan, de acuerdo con el propósito oficial de la obra, la importancia de un buen gobierno y la vida apacible de los ciudadanos que lo disfrutan. El oboe de caza en la primera aria y la flauta en la segunda acompañan estas afables evocaciones, en las que Bach logra librarse de la vacía solemnidad del texto. En el recitativo del bajo, el autor se inspira en las palabras "Cuán bella eres, amable ciudad", y describe con la ayuda de las trompetas y los instrumentos de madera, un cuadro a la vez majestuoso y tierno de la ciudad donde acaba de establecer su hogar. Por su orquestación y carácter jovial como también por el empleo ocasional de ritmos punteados, el segundo coro se asemeja al anterior. El tema de fuga entonado por el coro alude al himno "Todos ahora agradecemos al Señor". Se expresa así, en los términos más sencillos, la idea fundamental de la obra. Dicho tema se repite en el coral conclusivo, que adapta una estrofa de Lutero a la melodía tradicional "Señor, te alabamos".



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