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Cantata 111: Que la voluntad de Dios se cumpla siempre
Kantata 111: Was mein Gott will, das g'scheh allzeit
Cantata Religiosa Compuesta en Leipzig

Escrita para el tercer domingo después de le Epifanía de 1725, esta cantata-coral utiliza un libreto anónimo inspirado en el himno del mismo título del Margrave Albrecht de Brandeburgo. La palabra Epifanía significa en el paganismo la manifestación al mundo de la divinidad oculta. En la interpretación cristiana la Epifanía reviste un sentido diferente, que no incluye la manifestación directa de Dios. Su significado se concentra sobre todo en la adoración de los Reyes Magos considerados como representantes el mundo pagano. De ahí que la cantata recuerde en ocasiones, dentro de su honda religiosidad, el estilo de la música profana.

Su audición pone de manifiesto, una vez más, la maravillosa inventiva de Bach. La melodía del Margrave de Brandenburgo, "Que la voluntad de Dios se cumpla siempre", no parece la más apropiada para una extensa fantasía-coral. Tampoco el texto, a pesar de sus cualidades literarias, resulta suficientemente expresivo. Sin embargo, Bach convierte ese material básico en una página que expresa con exuberancia la alegría de vivir. Y con esa página da inicio a su cantata, cuya parte instrumental no puede ser, paradójicamente, más modesta: apenas dos oboes, cuerdas y continuo. Los restantes movimientos son: aria para bajo, recitativo para contralto, dúo para tenor y contralto, recitativo para soprano, y coral. La expresión oscila entre el temor y la confiada esperanza en el aria del bajo. En el recitativo de la contralto ("Loco el que se aleja de Dios"), Bach obtiene, con un mínimo de fuerzas sonoras, una música variada y llena de encanto. El temor desaparece por completo en el dúo, que traduce, en un ambiente casi navideño, las palabras "Marcho así con paso decidido incluso cuando Dios me conduce a la tumba". En el recitativo de la soprano, con dos oboes y continuo, el creyente presencia al final de su vida la lucha formidable entre las fuerzas del bien y del mal. El coral conclusivo, con los oboes y las cuerdas doblando la melodía, es una afable plegaria por la guía y la protección del Señor.



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