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Cantata 210: Oh día seductor del anhelado tiempo
Kantata 210: "O holder Tag, erwünschte Zeit "
Cantata Profana Compuesta en Leipzig

Esta obra para soprano y orquesta fue estrenada entre 1738 y 1741 en Leipzig, para las bodas de una pareja cuya identidad se desconoce. Sin embargo, el texto permite suponer que el novio era un importante protector del arte musical. Pero esta obra, más conocida como "Cantata de bodas", es más que un obsequio para los contrayentes: es también la defensa que hace el compositor de su música contra las críticas de J. A. Ernesti, párroco de la iglesia de Santo Tomás, y las de un párroco de Freiberg. Ambos eclesiásticos se oponían a la música por considerar que lesionaba la moral estudiantil. Se presume que Picander es el autor del libreto.

Además de las cuerdas, la partitura incluye una flauta y un oboe d'amore que intervienen a veces como solistas en el curso de las arias. En tres de los diez movimientos (II, IX y X) los instrumentos se conjugan para ofrecer a la voz solista un acompañamiento diferenciado y colorido. El primer movimiento es un recitativo donde la soprano, apoyada en las cuerdas, se dirige a los invitados con las palabras "Día seductor del anhelado tiempo", y los exhorta a olvidar la melancolía en tan feliz ocasión. En el aria que viene enseguida, el oboe d'amore y las cuerdas tocan una dulce melodía para ilustrar los tres primeros versos: "Resonad inspirados cantos, que el éxtasis enajene nuestros corazones"; y luego, con mayor vivacidad, los versos finales: "Pero que las cuerdas deleitables los reconforte y les renueve su pujanza". La fórmula de recitativo y aria se va a repetir en el resto de la cantata. El recitativo (III) está acompañado por el chelo y el violín; y el aria (IV), por el oboe d'amore y las cuerdas. En el recitativo se le pide a la música que calle, ya que la amorosa pareja no requiere ahora de sonidos. Y en el aria, una encantadora canción de cuna parecería contradecir las palabras del texto: "Silencio, lánguidos acentos. Vuestras tiernas armonías no sabrían en verdad honrar al feliz matrimonio". El siguiente recitativo es para Bach la ocasión de refutar a sus críticos: "¿Que la música corrompe y no le conviene al amor? Ciertamente no. ¿Quién podría desconocer su mérito, un mérito al cual son sensibles tan eminentes mecenas?...Al igual que el amor, la música es una maravillosa criatura celeste que, a diferencia del amor, no es ciega". Y para que esta aseveración se pueda expresar con toda su persuasiva vehemencia, la soprano no será acompañada sino de un chelo y un clavecín. En el aria (VI) ella reanuda sin embargo su argumento sobre la inutilidad de la música en momentos como este: "Callad, dulces flautas, callad dulces acentos. Los envidiosos no encuentran bello vuestro sonido. Disipaos en el aire hasta que seais llamados a la tumba". La flauta ilustra el significado elegiaco del texto, en este fantástico movimiento que no tiene nada que ver con el regocijo nupcial. El siguiente es un recitativo "secco" en donde la soprano, con acentos persuasivos, alienta de nuevo a la música para que desafíe a sus detractores. La parte octava es una afortunada transposición, con oboe d'amore y cuerdas, de un aria de la cantata profana "Placentera Wiederau" (BWV30a). Al combinar su amplia melodía con un motivo solemne, crea Bach otro hermoso efecto. La última pareja de recitativo y aria está acompañada por todos los instrumentos. En el recitativo, la solista dice que la noble armonía ahuyentará la tristeza de la vida del novio, a quien el mundo recordará como protector de la música. El acompañamiento adquiere aquí un tinte casi impresionista. En el aria final, el significado religioso del texto le inspira a Bach una música jubilosa que expresa los votos por la felicidad de la joven pareja.



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